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Formulación de objetivos en la educación cristiana


Capítulo 5

Los objetivos

Ibarbalz, J. (2010). Maestros en la vida real (1.a ed., pp. 37–41). Buenos Aires, Argentina: Publicaciones Alianza.

Lucy pregunta si hay más café. Ese día el café tiene un aroma especial. Probamos una torta de vainilla, una vieja receta de mamá. Esas recetas que nunca fallan. Cómo será de rica y de fácil, que yo también aprendí a hacer esa torta (lo digo porque no soy tan hábil en la cocina como lo son mi abuela y mi madre).

Hacemos una vuelta más de café.

Anna nos contó que el año que empezó a dar clases le prestaron un material con ideas para desarrollar con los niños. Miró las actividades y le pareció un buen recurso para preparar la clase. Armaba cada clase con mucha dedicación siguiendo las pautas que se daban. Pero muchas veces al terminar la clase no se sentía satisfecha. Observaba que no había un hilo conductor y, por esa razón, la conclusión del tema no era clara.

Pasaron las semanas, ella volvió a mirar el material y descubrió que había algunos puntos en los que no se había detenido, pensando que eran secundarios. Entonces se detuvo a mirar esa sección y allí encontró, entre otras cosas, la mención de los objetivos de la lección. En ese momento se dio cuenta de que, al leer y detenerse en los objetivos, recién comprendía cuál era la dirección que se planteaba del tema a tratar. Lo que había ocurrido era que al no leer esa parte importante había perdido el rumbo de su enseñanza. Desde ese día, al comenzar a preparar su siguiente clase se detiene a leer TODO, sin omitir ninguna parte. En especial lee los objetivos para tener presente el énfasis de esa enseñanza. A partir de allí nos compartió cómo su clase cambió, cómo sus niños captaron mucho más la enseñanza, cómo el tema caló más profundamente en las vidas de todos, porque había claridad en los objetivos que se perseguían. Bella la miró sorprendida y nos confesó que, para hacer más rápido, evitaba leer esas introducciones e iba directamente a la explicación de los momentos de la clase y lo que necesitaba preparar de antemano. Nos dijo que ahora comprendía lo importante que era leer todo y prestar atención a los objetivos que se debían lograr al enseñar ese tema.

Tú, ¿cómo trabajas con el material que tienes? ¿Lees con detenimiento toda la propuesta para la lección? ¿Hay partes que dejas de lado? ¿Te detienes a leer los objetivos para saber cuál será el enfoque de tu clase?

Antes de preparar la lección, es de suma importancia leer y recordar los objetivos. Los objetivos señalan el rumbo de la enseñanza. Dan dirección a la clase. Si no sé a dónde quiero llegar con la enseñanza, entonces es seguro que no llegaré a ningún lado.

Con una misma historia se pueden tratar muchos temas. Por ejemplo, con la historia de “El buen samaritano” en Lucas 10:25–37, se pueden tratar varios temas: “Tratar a todos por igual, no discriminar”, “Ayudar al que necesite”, “Ayudar al otro, aunque no sea mi amigo”, entre otros. Entonces, de acuerdo al tema podrán ser los objetivos a los que apunte la clase. Si el tema es: “Tratar a todos por igual, no discriminar”, los objetivos podrían ser:

  • Conocer la enemistad que había entre judíos y samaritanos. Entender la actitud del samaritano, en ese contexto. Comprender que para Dios todas las personas son especiales, y que él no hace diferencia entre unos y otros.
  • Reconocer con quiénes uno hace diferencia, o a quiénes no se trata igual.
  • Pedir la ayuda de Dios para ser amables con todos. Pensar a quiénes uno ha discriminado y buscar la manera de acercarse mostrando un trato diferente.

Si el tema es: “Ayudar al que necesite”, los objetivos podrían ser:

  • Analizar la actitud del sacerdote y del levita. Entender que el Señor quiere que ayudemos a otros.
  • Asumir el compromiso de ayudar a quienes están a nuestro alrededor.
  • Hacer un plan sobre las maneras en que podemos ayudar en casa.

Si, en cambio, el tema es: “Ayudar al otro, aunque no sea mi amigo”, los objetivos podrían ser:

  • Comprender que el samaritano ayudó a alguien que no era su amigo.
  • Reconocer a las personas que NO consideramos como amigos. Asumir el compromiso de ayudarlos, a pesar de que no pertenezcan a nuestro grupo.
  • Compartir las maneras en que se puede prestar ayuda a los compañeros, aún a aquellos que no son nuestros amigos.

Como vemos con este ejemplo, los objetivos responden al tema (¡eso siempre debe ser así!). Si no tenemos claro el tema y los objetivos, nuestra lección será una historia más sin llegar a los corazones, sin hacer la aplicación a la vida que es lo más importante.

Por eso, antes de comenzar a preparar el tema debo preguntarme:

  • ¿Qué quiero enseñar?

 

  • ¿Qué quiero lograr en la vida de los niños o de los jóvenes?

 

Y, a partir de estas respuestas, direccionar mi clase.

En muchos de los materiales los objetivos vienen ya escritos. En otros no. Puede haber algunos materiales que tengan objetivos que sólo apunten al área intelectual. Lo ideal es que los objetivos contemplen tres áreas:

  • Área cognoscitiva (del intelecto)
  • Área afectivo-volitiva (de las actitudes)
  • Área de las acciones (de la práctica)

El alumno tiene que conocer y comprender (intelecto) la Palabra de Dios.

El estudiante tiene que reconocer (voluntad y emociones) lo que el Señor le pide, ya sea: hacer, dejar de hacer o cambiar algo.

El alumno tiene que responder y poner en práctica (llevar a la acción) la enseñanza bíblica.

Ana Somoza en su libro Aprendiendo a enseñar la Biblia, de nuestra editorial, desarrolla en profundidad el tema de los objetivos en los capítulos 3, 4 y 5. La autora hace una clasificación de verbos dentro de cada área. Consideramos que es un cuadro muy clarificador, a la hora de tener que formular uno, los objetivos de la clase.

Área cognoscitiva (del intelecto)

Conocer – comprender – analizar – explicar – sintetizar

definir – enumerar – describir – extraer conclusiones

demostrar – elaborar – clasificar – distinguir

Área afectivo- volitiva (de las actitudes)

Identificarse – amar – disfrutar – interesarse – tomar

conciencia – reconocer – aceptar – adoptar la actitud

creer – apreciar – valorar – asumir el compromiso de

Área de las acciones (de la práctica)

Orar – testificar – confesar – ayudar – alabar – asistir

ofrendar – hacer – confeccionar – invitar – compartir

planificar – dar – organizar

Los objetivos son tan importantes y debemos tenerlos presentes para que la enseñanza de la Palabra llegue a la mente, al corazón y eso se traduzca en acciones en nuestros niños y adolescentes.

Sabemos que esto no es automático, sabemos que esto lleva tiempo, sabemos que el impacto de la Palabra de Dios sólo lo puede hacer el Espíritu Santo. Al pensar en todo esto, nos anima el conocido texto: “Instruye al niño en el camino correcto, y aun en su vejez no lo abandonará” (Proverbios 22:6).

Nos miramos con la satisfacción de haber aprendido juntas. Nos sentimos felices por tener un espacio en el cual compartir lo que nos pasa.

Lucy nos mira a los ojos y nos invita a orar. Así como estamos nos abrazamos y Lucy nos conduce en una preciosa oración. Le pide al Señor que nos dé la flexibilidad suficiente como para adaptar cada clase al ritmo de nuestros niños. También le pide al Señor su guía para saber qué otros temas tratar que sean necesarios para el grupo.

Cuando oramos juntas, cuando oramos por nuestros alumnos, cuando oramos por nuestro servicio, siempre corre alguna lágrima por nuestra mejilla. Es que servir a Dios entre los niños y entre los adolescentes nos apasiona.

Bella empezó a cantar y todas la seguimos. Si, una de las canciones que cantamos con los niños. Nos saludamos y una a una vamos dejando la cocina, que ya se va convirtiendo en nuestro “aposento alto”.[1]

 

[1] Ibarbalz, J. (2010). Maestros en la vida real (1.a ed., pp. 37–41). Buenos Aires, Argentina: Publicaciones Alianza.


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